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UN MUNDO VACÍO: LA PERCEPCIÓN DEL LUGAR Y DEL PAISAJE A TRAVÉS DE LAS PRIMERAS FOTOGRAFÍAS

Por Pilar Suescún, agosto de 2016

I


Quisiera empezar esta reflexión con una frase de Jean Marc Besse incluida en el libro Paisaje y pensamiento (2006) de Javier Maderuelo, dice Besse:


El paisaje no existe ni objetivamente ni en sí mismo, digamos, entonces, que es relativo respecto a lo que los hombres piensan de él (…) el paisaje nos habla de los hombres, de sus miradas y de sus valores, y no propiamente del mundo exterior”.

El autor señala de esta forma al paisaje como una expresión de la humanidad y lo ubica de plano en la cultura: ¿podría entenderse entonces al hombre a través de su percepción - concepción del paisaje? Según eso, hay diversas formas de comprender el paisaje, y mi interés en su postulado, tiene que ver con la idea de la representación pictórica como lo que le da forma al paisaje.


Consecuentemente , ¿podría decirse acaso que al cambiar el hombre cambia su percepción del paisaje y el paisaje mismo?


Ante esta pregunta, se podría llamar la atención sobre la representación del paisaje a través de la fotografía: La representación fotográfica desplaza por primera vez la mano del artista; en plena revolución industrial, lo fotográfico ubica la máquina en el centro de la dinámica representativa, cargando el medio de un aura de objetividad relacionada con su aparente automatismo.


Fue evidente muy pronto que la naturaleza del medio fotográfico se adaptaba al mimetismo buscado al representar el lugar y el paisaje desde el arte, la arquitectura y en general como una forma de acceso al conocimiento, proponiendo nuevas preguntas en cuanto a la percepción del mundo ¿Cómo nos acercamos y percibimos el mundo a través de la fotografía? ¿Qué es lo que aporta dicho medio al ámbito de la representación del paisaje? ¿Cómo esta percepción fotográfica del paisaje me habla del hombre y de su situación ante el mundo?



II


“Gracias a la precisión del daguerrotipo, los lugares no serán más reproducidos desde un dibujo, siempre más o menos modificado por el gusto o la imaginación de un pintor”
Excursions Daguerrienes


Excursions Daguerrienes: Noël Lerebours, París, 1840. (Lerebours, 2016).



De 1840 a 1844, el editor y óptico francés Nöel Lerebours publicó Excursion Daguerrienes, este álbum presenta 114 láminas en dos volúmenes en las que se representan los más singulares parajes del mundo (Newhall, 2002). Las imágenes eran aguatintas basadas en daguerrotipos, que por su gran nivel de detalle facilitaban la labor de los grabadores.


Como lo revelan los textos que acompañan las litografías de las excursions daguerrienes (Lerebours, 2016), la tecnicidad de los procedimientos fotográficos cargaban las imágenes de una halo de objetividad en cuanto a que los operadores daguerrotipistas intervenían mínimamente en la obtención de la imagen más allá de la propia mecánica y química que implicaba el proceso; aunque la selección, el encuadre a través de la ventana permanece, por primera vez la mano del artista es reemplazada por la máquina ofreciendo aparentemente la objetividad que el estilo y la creatividad de los artistas no presentaban en representaciones previas a lo fotográfico.


Los daguerrotipistas que fueron comisionados en todo el mundo se esforzaban entonces por presentar vistas descriptivas de los lugares, presentándoles en el momento justo en que la luz del sol complementaba las formas arquitectónicas.


Los encuadres generales advierten la influencia de la pintura en el modo de ver a través de la ventana y en la concepción y comprensión del paisaje “La pintura da su forma (y también su fórmula al sentimiento del paisaje)” (Maderuelo, 2006).


Sin embargo, la representación fotográfica dista de la percepción pictórica del paisaje: Un buen ejemplo es el de Nicéphore Niépce, uno de los pioneros de la fotografía, que en 1827 logró fijar por primera vez un punto de vista capturado desde la ventana de su casa por medio de un procedimiento que llamó heliografía <<escritura del sol>> (Bajac, 2011).


Este punto de vista, señala en mi opinión una tensión debido al hecho de que la fotografía señala no solamente al mundo y al hombre, sino que ofrece una nueva variable: La máquina.


Esta primigenia fotografía es un resultado ambiguo: Históricamente, es importante porque es la primera que resuelve el gran problema que enfrentaban los procesos fotográficos: la fijación de la imagen y el detenimiento de los procesos fotosensibles en pro de la perdurabilidad.


A pesar de esto, los tiempos de exposición eran considerablemente largos, lo que distanciaba la representación de la percepción del lugar. Esto se ejemplifica claramente en el punto de vista desde la ventana en Saint Loup de Varennes que tras 8 horas de exposición muestra la iluminación de varios momentos del día dejando ver con luz dos partes opuestas del edificio, convirtiéndola en una extraña versión del sitio que pretendía representar.



Punto de vista desde la ventana en Saint Loup de Varennes de Joseph Nicéphore Niépce - Rebecca A. Moss, Coordinator of Visual Resources and Digital Content Library, vía email. College of Liberal Arts Office of Information Technology, University of Minne


Este romanticismo de la mirada permanece en las láminas de las excursiones, pues los grabadores añadían posteriormente personajes y otros elementos, los cuales por los largos tiempos de exposición no quedaban registrados en la placa, esto en un intento de contrarrestar la sensación de desolación de estos daguerrotipos primigenios.

“Se agregaron figuras y tráfico urbano, imaginativamente dibujado en el estilo romántico, por un intento de agradar al público, que deploraba el aspecto despoblado de los primeros daguerrotipos” (Newhall, 2002)


Lo que se podría reconocer en el caso de las láminas de las excursiones es algún tipo de extrañamiento ante la imagen. Era una imagen del mundo totalmente mimética, pero no era lo que se acostumbraba a ver. ¿Dónde están las personas?



Eugene Atget, París


Las imágenes del mundo deshabitado resultan extrañas, perturbadoras. Hablan de un hombre ausente, que no es más que un rastro, un indicio.


La representación fotográfica es sintomática del mundo y de su tiempo, habla del inicio de la era de la máquina, el inicio de la era del mundo en blanco y negro. Aporta a la imagen un aura de objetividad, que es en sí misma relativa y que es finalmente una expresión íntima de la humanidad.


¿Acaso la imagen fotográfica podría hablarnos de un hombre que está en la búsqueda de sí mismo? ¿Se sitúa frente a la imagen, reconoce el mundo, le reconoce extraño y luego se percata de su propia ausencia?



Boulevard du Temple. Louis Daguerre


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