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La guerra que no hemos visto: 62 historias que sí la vieron

La guerra que no hemos visto: 62 historias que sí la vieron


“La guerra que no hemos visto. Un proyecto de memoria histórica” es una exposición de pintura, organizada por la Fundación Puntos de Encuentro, donde reúne el trabajo de los protagonistas del conflicto armado colombiano. Hombres y mujeres ex paramilitares, ex guerrilleros y ex soldados quienes a través de la pintura expresaron las crónicas de la guerra de la cual fueron actores y víctimas a la vez, pintaron la guerra que parece lejana y desconocida, pero que se vive diariamente en la zonas rurales del país.
La exposición abierta al público está conformada por 62 obras, preserva la memoria de la guerra de los excombatientes, con la idea de crear un espacio para reflexionar y abordar el tema de la reconciliación en una sociedad en conflicto.  Además, la exhibición de las obras contribuye al debate artístico y social, con el objetivo de generar conciencia y educar contra la guerra.

Puntos de Encuentro es una fundación sin ánimo de lucro creada por el artista visual Juan Manuel Echavarría en mayo de 2006, cuyo objetivo es impulsar, apoyar y generar alianzas para exhibir proyectos artísticos que preserven la memoria de la guerra en Colombia. En marzo de 2007, después de ver unas pinturas en  pequeño formato de unos jóvenes desmovilizados de las Autodefensas Unidas de Colombia en la Casa de la Cultura de La Ceja, la Fundación Puntos de Encuentro decidió utilizar la pintura como medio para la expresión de estos jóvenes que tienen mucho que decir sobre el conflicto y la vida cotidiana dentro de la guerra.

De esta manera surge la idea de realizar talleres de pintura con soldados rasos de todos los frentes para proporcionar, a través de este medio, un espacio en el que ellos pudiesen dejar un testimonio de lo que fue su vida dentro de la guerra. Luego de más de dos años de iniciado este proceso, durante los cuales la Fundación realizó talleres de pintura dos veces por semana, participaron: 133 soldados heridos en combate del Batallón de Sanidad del Ejército; 23 jóvenes  excombatientes de las Autodefensas Unidas de Colombia; y 70 hombres y 18 mujeres reinsertados de las guerrillas.

En estos talleres de pintura la intención no era enseñarles a pintar: el objetivo fundamental era rescatar y preservar las experiencias de estos jóvenes y generar nuevos lenguajes para contar la tragedia humana que se vive detrás de las armas y delante de ellas. En los talleres se hicieron más de 470 obras que constituyen un patrimonio esencial para la historia de la violencia en Colombia. Intencionalidad que se conserva en la exposición abierta al público en el Museo de Antioquia.


Las Obras

Las obras comenzaron tímidamente, pero después del tiempo y la confianza que se fue generando con los talleristas, empezaron a revelar historias desgarradoras que se incrustan en un paisaje que domina el cuadro. Montañas  y ríos, ríos llenos de cadáveres, bosques talados, fumigaciones; y allí, a veces en primer plano, otras veces en diminutas escenas, los hechos violentos que dan cuenta de la normalización de la violencia en los campos colombianos. Durante esta experiencia surgieron diferentes temas, historias de la niñez, recuerdos anteriores a ingresar a los grupos, las víctimas que ellos mismos fueron, la muerte del campesino inocente, los castigos dentro de su organización, historias de amistad, de traiciones, de abusos. También su deserción.

En palabras de la curadora de la exposición, artista, docente e investigadora académica, Ana Tiscornia, “el espectador se verá confrontado con estas pinturas y se le hará evidente que estos testimonios no hubieran sido posibles sin la intermediación del arte; que fueron las características del lenguaje plástico, y el uso de las herramientas de representación lo que habilitaron mucho de lo dicho. Pero, lo destacable, es cómo incluso la falta de un entrenamiento profesional contribuyó en este caso. El uso aleatorio de códigos visuales permitió simbolizar lo que se quiso decir y también lo que se dijo sin querer. La ingenuidad del lenguaje, la fricción entre forma y contenido, lejos de empequeñecer la tragedia, la hizo más evidente”.

Por su parte, el Museo de Antioquia, refuerza el papel de las entidades culturales en la transformación social del país como “un escenario para el encuentro, el diálogo y la construcción de la memoria colectiva, y creemos que es fundamental llevar estos temas a la esfera pública para su debate y discusión. Esta exposición, además de otras actividades del Museo, hacen parte del propósito político, ético y social de construir una ciudadanía crítica, comprometida y responsable; y de generar espacios para reflexionar en torno al conflicto, a la luz de la cotidianidad y la corresponsabilidad en la dinámica de la convivencia ciudadana”.

La exposición La guerra que no hemos visto. Un Proyecto de memoria histórica, estará abierta al público hasta el 8 de agosto 2010, en las Salas Temporales de la Casa del Encuentro.

fuente

http://www.museodeantioquia.org.co/index.php?option=com_content&view=article&id=352:lgqnhv2&catid=9:exposiciones&Itemid=14