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Elogio a la descomposición: obra colectiva en la montaña

Elogio a la descomposición: obra colectiva en la montaña

A partir de la convocatoria «Dona tus flores marchitas», la Fundación Cerros de Bogotá (FCB) realizó, por cuarta vez, una obra colectiva denominada Elogio a la des-composición: una experiencia entre arte y naturaleza.

Proposición del artista visual Fernando Cruz F, taller escrito y dirigido en conjunto con la Fundación Cerros de Bogotá.

La idea de hacer esta serie de talleres y cerrar con una obra colectiva estuvo inspirada en la obra de Victor Laignelet «Solo con rosas se puede», luego del taller del 2017 con tierras minerales empece a pensar en cual podía ser el material que contribuyera a hacer una «sanación» de la montaña y recordé el trabajo de Víctor, hable con el para pedirle permiso e invitarlo a participar, luego pedí datos de floricultores y llame a unos veinte, Lina Gutierrez de Monikafarms  hizo la donación de las flores.

En octubre del 2017 hablamos con Diana Wiesner y otros miembros de la fundación cerros de bogotá para hacer estos talleres e iniciamos los contactos con los artistas

La proposición inicial fue «Realizar una intervención artística de forma colectiva que permita reflexionar sobre los procesos de vida y degradación de la naturaleza generando un acto simbólico que busca recuperar el suelo degradado de la montaña mediante la descomposición de la materia orgánica dispuesta en las zonas más vulnerables de la reserva Umbral Cultural Horizontes.»

viernes, 1 de junio de 8:00 a 10:00
DES-COMPOSICIÓN DEL PAISAJE, Equipo del Observatorio de Bogotá

Vídeo de los talleres.

El objetivo de este taller fue darle un espacio de reflexión a los ciudadanos acerca de los procesos de vida y degradación, propios de la naturaleza, mediante la abstracción de conceptos inherentes a la naturalidad del ser.

Esta acción colectiva, traducida en obras artísticas, fomenta entre sus copartícipes colaboración, integración y trabajo conjunto en torno a un tema ecológico y sistémico.

Además, sensibiliza a la ciudadanía respecto a los cerros como un sistema vivo en el cual  suceden procesos biológicos en los que la descomposición[1], en lugar de ser un factor negativo, genera transformaciones esenciales para la vida.

Aunque es un proceso ignorado o poco apreciado, la comprensión de la descomposición ayuda a mantener la vida y la circularidad, ya que también representa los procesos invisibles del crecimiento urbano.

Taller de Arte & Obra Colectiva:Elogio a la Des-Composición

Taller de Arte & Obra Colectiva:Elogio a la Des-Composición

El taller se llevó a cabo en la reserva natural de la sociedad civil, Umbral Cultural Horizontes (en adelante, Horizontes), espacio de propiedad de la FCB en donde se practican procesos de restauración participativa[2], ya que es una zona que presenta, como en la mayoría de los cerros, suelos muy pobres y procesos de erosión[3], a raíz de la presencia de plantaciones de eucaliptos, pinos y acacias.

Horizontes está ubicada en una ladera empinada, lejos del agua, y la roca aflora en algunos sitios en los que casi no queda capa vegetal disponible; dadas estas características, la vegetación es baja, seca, a veces escasa, y, además, dominan especies propias del subpáramo como frailejones, pajas, cortaderas y uvos de monte.

En esta reserva se busca volver a alcanzar un mínimo de ciento cincuenta especies de plantas nativas propias del entorno.

La FCB y el Instituto Humboldt (en su sede del Venado de Oro), en una complicidad de pacto por los cerros, han trabajado en dos puntos de la ladera de Horizontes, a cinco kilómetros de distancia y de forma paralela, en el desarrollo de procesos y actividades para fomentar y concientizar a los ciudadanos sobre la importancia de la restauración ecológica y la conservación de los cerros.

Imagen de los dos puntos: Horizontes y el Venado de Oro. Restauración de los cerros

Antes de la realización de los talleres El Elogio a la descomposición: obra colectiva al cerro[4], se ofrecieron algunas charlas gratuitas, sugestivas e inspiradoras, entre mayo y junio de 2018: «El lugar» (Alejandro Saiz), «Estética del incendio y la inundación» (Mateo Hernández), «Elogio a la descomposición» (Brigitte Baptiste[5]), «Descomposición de la voz» (Nohra González), «Des-composición[6] del sonido: el silencio de cerro» (Roberto Cuervo), «Des-composición del color» (Carmen Huertas), «Des-composición del paisaje» (Observatorio del Paisaje de Bogotá)  y «Entre pétalos y flores» (Futuros Primitivos).

El nido vacío y una hoja de color. El nido tejido, obra de Futuros Primitivos, liderados por Margarita Jimenez

Brigitte Baptiste introdujo a los asistentes en el concepto de descomposición, a partir del elogio de los procesos de la vida:

«Como la naturaleza compone, tiene un propósito temporal. La descomposición no es azarosa, es deliberada. La epifanía sucede cuando todos esos elementos descompuestos vuelven a componerse y aparece una innovación que la evolución pone a prueba. Persiste durante un tiempo, en una fase estable que luego colapsa y libera nuevos procesos, aparecen nuevas formas de pensamiento. En la Teoría de Sistemas, la conectividad de los componentes es muy importante, es un proceso de empatías y des-empatías.

Procesos agradativos o que se repelen, algunos se conectan y persisten o se derrumban ante otro agente. Las bacterias de este suelo y de este territorio evolucionaron durante miles de años, y en menos de cien años aparecieron unos intrusos que no se las saben comer […]  como los hongos y las bacterias evolucionan tan rápido y tienen nuevas capacidades, seguramente aprenderán a comer eucalipto. La persistencia de la materia de eucalipto u otras requerirá años para que estos microorganismos aprendan a descomponerlo […] En el suelo y en el mundo hay una red, una red de seguridad de la descomposición […]

[…] No existe ningún estado mejor que otro, no hay ningún momento mejor en la historia que otro, no hay ningún momento más evolucionado que otro en la historia, lo único que hay son momentos distintos o con complejidades distintas».

El segundo encuentro fue el recorrido sonoro[7] denominado Des-composición del sonido: el silencio del cerro, dirigido por Roberto Cuervo, experto en paisaje sonoro, quien ayudó a agudizar los sentidos del público, demostrando que los sonidos del cerro son una gran obra maestra.

Foto del taller de Roberto Cuervo en su intervención  sobre paisajes sonoros «Des-composición del sonido: El silencio del cerro». Grabaciones

«Esta composición que escuchamos no fue creada por nadie, está allí; en la música hay una intención de alguien que toca unos instrumentos, aquí también hay una composición, pero, a diferencia de la primera, es natural, casi que estamos siempre metidos en una obra».

Roberto realizó varios ejercicios, empezando con la limpieza del sonido para escuchar el «murmullo urbano»; luego, caminando, se inició la identificación de los componentes del paisaje sonoro y de los patrones para reconocer los modos de escucha del ser humano.

Al final, se encontraron composiciones sonoras propias del cerro y se grabaron los sonidos, georeferenciándolos, para terminar con una composición en la que se sumaron las grabaciones de todos los asistentes. Concretamente, se aprendieron a escuchar los atributos del sonido sin causa (agudo, grave), el sonido de la ciudad, de un pájaro, de la brisa.

Por su parte, Nohra González alentó a los ciudadanos a proyectar la voz en la montaña, dándole a esta un carácter lúdico y demostrando que el paisaje urbano permite al ciudadano reconectarse con sus antepasados:

«Los sonidos son como un gran decanto de la historia, cuando yo emito un sonido, no es Nohra quien lo emite: es mi madre, mi abuela, mi tatarabuela; entonces, cuando pensamos en ese sonido, es un sonido que está completamente enraizado».

Acompañada por una lectura sobre el ciclo de la muerte, la diseñadora Carmen Huertas habló sobre la magia del color, creando un símil entre la armonía de la montaña y la de los colores:

«No necesito sombra para oscurecer los colores primarios, con la propia interacción entre ellos se genera la oscuridad; al amarillo —que es primario— lo complementa o lo armoniza el violeta; el violeta está hecho con la fuerza del rojo y con la oscuridad del azul […]

Taller de color. Una microintervención para observar el contraste

En la charla que llevó a cabo el naturalista Mateo Hernández, narró con pasión la función vital de la muerte y la vida del bosque, ratificando la importancia de cada proceso para que la vida continúe:

«Nuestros cerros están llenos de plantas que aman quemarse y que buscan la manera de volverse más apetecibles para que el fuego las consuma.

¿Por qué una planta va a querer quemarse a sí misma? Los frailejones son el mejor ejemplo: si se huele dentro de sus hojas se puede percibir una especie de trementina muy inflamable. Los frailejones son antorchas vivas, en verano se vuelven muy secos.

Esto lo hacen porque el bosque empieza a crecer y buscan quitarse la competencia de otras especies […] para tener espacio abierto para propagarse.

Los frailejones se sacrifican a sí mismos para abrirle espacio a la vida. De este modo se incendian de frailejón en frailejón, de paja en paja. Muchos mueren y se sacrifican, pero queda libre una gran área en la que aparecen anualmente (como en el caso de Usaquén) decenas de miles de frailejones.

Por eso se puede leer si allí pasó un incendio. Se pueden ver especies nativas como ciros, hayuelos, laureles de cera, angelitos, tunos esmeraldo, todos amigos del fuego en estas zonas rocosas […] El fuego tiene muchas caras, no es malo para todo el mundo».

Obra colectiva. Fotografía de Fernando Cruz

Las voces y audios de algunos fragmentos de los talleres se escucharon mientras se cargaban flores marchitas por entre las grietas de la montaña. Escuchar las reflexiones precedentes, se convirtió en un filtro para realizar la obra de forma colaborativa.

Tejiendo el nido con flores

La experiencia, en general, tejió lazos de complicidad entre quienes se emocionan ante lo simbólico, generó una microtransformación y una apreciación cercana del territorio a través de una acción estética sobre el mismo; simultáneamente, sirvió para reflexionar sobre la importancia del proceso de la descomposición y sobre la voz del suelo erosionado.

Resultado de la Obra colectiva. Fotografía de Fernando Cruz

Reconocimientos

Especial agradecimiento a los participantes: Brigitte Baptiste, Roberto Cuervo, Nohra González, Carmen Huertas, Mateo Hernández, Alejandro Saiz, Observatorio de paisaje[8], colectivo Futuros Primitivos liderados por Margarita Jimenez,  y, en particular, a Fernando Cruz, cómplice de esta idea.

Tambien a Lina Gutierrez de Monika Farms quien dono las astromelias.

http://monikafarms.com/

[1] La descomposición se asocia siempre con aspectos desagradables, olores fétidos, imágenes negativas, putrefacción o desintegración de una materia por la acción de diversos factores y de determinados microorganismos.

Tomado de https://lasillavacia.com/silla-llena/red-verde/historia/elogio-la-descomposicion-obra-colectiva-en-la-montana-68046 con autorización de Diana Wiesner.